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La Dieta Basada en el Grupo Sanguíneo

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La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN) incluye la dieta del grupo sanguíneo dentro de la categoría de “Dietas Milagro”, y considera que podrían derivarse importantes trastornos para la salud cuando se lleva a la práctica.

La dieta basada en el grupo sanguíneo fue desarrollada por los investigadores James y Peter D’Adamo a lo largo de años de observar las distintas respuestas que ofrecían sus pacientes a la dieta tipo propuesta y que a todas las personas no les sentaba bien el mismo tipo de alimentación. Al ser la sangre el fluido a través del cual los nutrientes se distribuyen en el organismo, el motivo de la buena o mala asimilación de los alimentos podría estar en ella, y en concreto en el grupo sanguíneo, que es la característica de la sangre que hace diferentes, o en cierto sentido “incompatibles”, a una personas de otras.

Según sus investigaciones, una alimentación no acorde con el tipo de sangre que se tiene es una de las principales causas del sobrepeso u obesidad de muchas personas, que conseguirían adelgazar si dejaran de ingerir los alimentos perjudiciales para su tipo de sangre. Incluso han relacionado el grupo sanguíneo con la predisposición a enfermedades, sobre todo de tipo degenerativo, con recomendaciones en el tipo de actividad física y con tratamientos de fitoterapia que son más recomendables o están desaconsejados en cada grupo.

Según los investigadores D’Adamo, cada grupo sanguíneo es el resultado de un momento de la evolución de la especie humana. El del tipo 0 sería el más antiguo y extendido y procedería de los hombres del Cro-Magnon, cuya alimentación se basaba en la caza (proteínas animales). El tipo A sería el siguiente en aparecer, con las primeras sociedades agrícolas, cuya alimentación se basaba en el consumo de cereales y vegetales. El tipo B procedería de las montañas del Himalaya, siendo propio de los habitantes nómadas de las estepas asiáticas y el tipo AB habría surgido de la mezcla entre caucasianos (A) y mongoles (B).

La reacción de cada uno de los tipos sanguíneos se debería a que la sangre guarda una especie de “memoria celular” que “recuerda” su ancestral tipo de alimentación, y reacciona de forma negativa frente a los alimentos que no formaban parte de esta. Esta reacción se explica a través de las lectinas, un tipo de proteínas presentes en los alimentos que pueden activar el sistema inmune. Estas lecitinas son rechazadas por las personas de un tipo de sangre, produciéndose un fenómeno similar al que ocurre al poner en contacto grupos sanguíneos incompatibles, con efectos negativos para la salud. Sin embargo, en otros grupos sanguíneos “compatibles” con estas lecitinas no serían rechazadas e incluso el alimento podría ser beneficioso.

Según esta teoría se establece una clasificación de los alimentos en relación con los cuatro grupos sanguíneos en beneficiosos, neutros y desaconsejados. Los beneficiosos, además de un papel nutricional óptimo, tendrían efectos positivos sobre la salud. Los neutros tendrían un papel meramente nutritivo y los desaconsejados son los que contienen sustancias perjudiciales para los individuos de un determinado grupo sanguíneo debido a sus lectinas.

Hoy en día no hay evidencias fiables sobre las bases metabólicas en las que se apoyan estas teorías, y se considera por las autoridades sanitarias como un sistema ineficaz y que puede llevar a problemas de salud al aumentar el riesgo de no cubrir el aporte de nutrientes esenciales.

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