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La semilla de Chía

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La semilla de chía es, junto con la del lino, una de las fuentes vegetales con la mayor concentración del ácidos graso Omega-3.

La chía (Salvia hispanica) era un alimento básico para las civilizaciones de América Central y México antes de la conquista de América. Los aztecas la empleaba como alimento, como ofrenda a los dioses, y para producir aceites corporales. Desplazada por los cereales aportados por los españoles, el cultivo de chía desapareció durante las colonias y sólo sobrevivió en áreas montañosas aisladas de México y Guatemala. En la década de 1990 un proyecto comercial desarrollado conjuntamente por varios países de América Latina comenzó a replantar la chía para proporcionar a los agricultores cultivos alternativos, surgiendo de nuevo el interés por estas semillas en el campo de la alimentación humana.

La semilla de chía destaca por su alto contenido en aceites saludables, pero es también una fuente de otros nutrientes de gran importancia para la salud. La composición química de esta semilla es típicamente de un 20% de proteína, un 25% de fibra alimentaria (5% fibra soluble) y un 34% de aceite rico en ácidos grasos Omega-3. No contienen gluten, por lo que son aptas para celíacos, y no se conocen componentes tóxicos en ella.

Las semillas de chía representan una de las fuentes vegetales con más alta concentración de ácidos grasos esenciales. Poseen un 34% de aceite, del cual el ácido alfa-linolénico (Omega-3) representa el 62% y el linoleico (Omega-6) el 20%. Es importante destacar la presencia mayoritaria de los Omega-3 frente a los Omega-6, ya que en la dieta normalmente hay un exceso de estos últimos. La introducción de semillas de chia en la dieta puede ayudar a equilibrar la proporción Omega-3 / Omega-6, con beneficios sobre la salud cardiovascular, los procesos inflamatorios y la retención de líquidos entre otros.

Además de ácidos grasos esenciales, las semillas de chía también contienen una importante cantidad de antioxidantes, principalmente flavonoides. Los antioxidantes más importantes que podemos encontrar en estas semillas son el ácido clorogénico, el ácido cafeíco, la miricetina, el kaempferol, la quercitina, el betacaroteno y el tocoferol (vitamina E).

Las semillas de chía contienen un 20% de proteínas y en su composición están presentes tanto aminoácidos esenciales como no esenciales. El contenido en el aminoácido lisina es bastante alto, comparado con otra semillas oleaginosas.

La semilla de chía es una fuente de fibra dietética, soluble e insoluble, con beneficios para el tránsito intestinal y que proporciona sensación de saciedad. La fibra soluble, cuando se mezcla con agua, aumenta de volumen y forma una sustancia parecida a un gel, que favorece el tránsito del bolo fecal y además ayuda a regular la absorción de los azúcares ingeridos, y por tanto sus niveles en sangre y también contribuye a reducir los niveles de colesterol.
 La fibra insoluble no absorbe agua. Pasa inalterada a través del sistema digestivo y ofrece muchos beneficios a la salud intestinal, favoreciendo la regulación del tránsito y el desarrollo de bacterias beneficiosas.

La semilla de chía es una buena fuente de vitaminas del grupo B (B1, B2, B3, B6 y ácido fólico), vitamina E y vitamina A. En cuanto a su contenido en minerales, aporta calcio, fósforo, magnesio, potasio, hierro, zinc, selenio, boro y cobre. Una ventaja de esta semilla es su bajo contenido en sodio, que contribuye a su éxito como alimento preventivo de enfermedades cardiovasculares.

Por todas estas propiedades, hay una serie de circunstancias en las que será especialmente recomendable el consumo habitual de semillas de chía:

· Dietas veganas, como aporte de ácidos grasos Omega-3 y proteínas.

· Prevención de enfermedades cardiovasculares en situaciones de riesgo: niveles de colestreol y/o triglicéridos elevados, hipertensión arterial, obesidad…

· Diabetes con complicaciones de sobrepeso y riesgo cardiovascular.

· Procesos inflamatorios y problemas de retención de líquidos.

· Etapas de desarrollo físico y mental.

 

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