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Un nuevo cereal muy antiguo: el mijo

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El mijo es uno de los cereales cultivados más antiguos. Originario de África central, su cultivo se extendió hacia la India y China por el este, y hacia Asia Menor y Europa por el norte. Muy consumido en África y Asia, está siendo redescubierto en Europa gracias a los nuevos hábitos más saludables de alimentación.

Los granos de mijo son de pequeño tamaño, y pueden ser de color blanco, negro o dorado. La variedad dorada es la que ofrece un sabor más fino.

Una característica muy importante de este cereal es que no contiene gluten, proteína típica del trigo y otros cereales (como el centeno y la avena) que produce reacciones de intolerancia intestinal y alergias en muchas personas, diagnosticados como celíacos o no. De hecho, la recomendación de muchos nutricionistas es de evitar o al menos limitar el consumo de alimentos con gluten en nuestra dieta para una mejor salud intestinal, digestiva e inmunitaria.

Desde el punto de vista nutricional, el mijo destaca respecto a otros cereales por su alto aporte de energía (unas 350 Kcal por cada 100 gramos), hierro y magnesio. Las personas que practican deporte de forma habitual pueden beneficiarse de las propiedades remineralizantes y energéticas de este cereal, que les ayudará a aumentar su rendimiento y a evitar la fatiga muscular posterior. Es muy recomendable en mujeres deportistas que estén en edad fértil, ya que suelen tener carencias de hierro, que el consumo habitual de mijo puede evitar.

El mijo, por su riqueza en hierro, se recomienda en casos de debilidad física, cansancio, anemia, astenia, caída de cabello y en mujeres con menstruaciones abundantes, embarazadas o en el periodo de lactancia. También es un cereal que complementa muy bien la alimentación de los niños celíacos, ya que no tiene gluten y aporta hierro, muy importante para el desarrollo y crecimiento infantil.

El consumo de mijo, por su alto contenido en magnesio, se considera muy apropiado en actividades o situaciones que impliquen una sudoración intensa, con las que se pierden muchos minerales, y ayuda a hacer frente al estrés e irritabilidad nerviosa y a reducir la intensidad de los ataques de migraña.

En la cocina, el mijo tiene los mismos usos que otros granos integrales, siendo una alternativa a la pasta o el arroz. Se recomienda lavarlo, escurrirlo y tostarlo ligeramente en una sartén, e inmediatamente después cocerlo a fuego suave unos 20 minutos o hasta que tenga una textura esponjosa. Es frecuente que algunos granos queden menos cocidos que otros, dando un toque crujiente al plato.

Su sabor del mijo es neutro y suave, pudiendo recordar a las nueces o a la mantequilla. Es apropiado para acompañar a otros ingredientes de gustos más intensos y para mezclar a partes iguales con otros cereales, como la quinoa y el cous-cous. Se puede utilizar en ensaladas, combina bien las legumbres, con la soja y sus derivados (tofu, miso), y con verduras y hortalizas, sobre todo las dulces (zanahoria, col lombarda, coliflor, maíz…). Es también un buen ingrediente para formar masas de croquetas y hamburguesas vegetales, para enriquecer cremas y sopas o para añadir al muesli del desayuno.

 

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